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Hola Google, ¿me escuchas?

Hola Google, ¿me escuchas?

Me encantan los debates sobre marketing, redes sociales, y tecnología. Me dedico a ello por lo que me es imposible no defender cada una de sus prácticas con los ojos cerrados. Todos los que amamos el marketing nos sentimos un poquito madre cada vez que critican a nuestro pequeño, y nos vemos obligados a sacar las uñas para defenderlo (en este caso, lo que sacamos son los argumentos a favor).

La mayoría de las personas se llevan las manos a la cabeza cada vez que aparece un nuevo método de publicidad personalizada. Ya sabéis de lo que hablo, entras en una página web a mirar una cafetera, no te decides, y te pasas el resto de tu vida recibiendo ofertas sobre cafeteras (por si quieres hacer una colección, entiendo). Sin embargo, esto, cada vez, impresiona menos. Estoy segura de que si hablas sobre el tema con el amigo menos informado en temas tecnológicos, ese que sería incapaz de deletrear Spotify, te farfullará, sin rodeos: eso es por las Cookies.

Tus amigas: las Cookies

Desde que la publicidad en Internet apareció, las empresas la utilizaron para vender sus productos. Eran personas que venían de los medios tradicionales, en los que la segmentación es bastante limitada: solo se puede hacer por hora del día y antes o después de según qué programa, o en según qué pagina. Esto hacía que cada persona recibiese mil estímulos procedentes de muchísimos anuncios, los cuales, en su inmensa mayoría, no iban con ellos y, simplemente, molestaban. Cuando la publicidad empezó su andadura en el mundo online, la cosa cambió gracias a las Cookies. Estos archivos permiten que te lleguen solamente los anuncios basados en tus gustos e intereses. ¿No te parece útil que si vas a hacer un viaje a Copenhague, aparezca un anuncio que te recomiende una app que te muestra las mejores rutas y lugares para visitar Dinamarca?

Sin embargo, hace ya unos años que las personas entendimos esto como algo que teníamos que aceptar sí o sí. ¿Quieres navegar en Internet? Bueno, entonces tienes que aceptar las Cookies. Lo hemos automatizado y ya no nos parece una violación de nuestra intimidad. Es algo que simplemente, es así.

HBO te ha escuchado hablar sobre Juego de Tronos.

Pero por otro lado, en casi el último año, hemos empezado a sospechar que algo raro estaba ocurriendo: podías estar con tus amigos tomando algo hablando sobre la nueva temporada de la serie de moda y al día siguiente, HBO o Netflix (o los dos) te avasallaban con promociones para que te subscribieses a sus servicios. Es entonces cuando nos hemos empezado a hacer las famosas preguntas tan de moda: ¿Google nos escucha? ¿Y Facebook? ¿Es a través del micrófono? ¿Y si lo tapo o lo desactivo, o pongo un celo para que no me oigan? ¿La Smart TV, también?…¿y el microondas?

Nuestro lado mas neurótico está saliendo a la luz, dejando un claro debate encima de la mesa: ¿Qué pasa con mi privacidad? ¿Están vendiendo mis datos a grandes compañías para realizar estudios de mercado? ¿No deberían pedir permiso para tratar con información privada? ¿Si saben mis gustos e intereses, no me están persuadiendo para que compre más?

Pero, por el otro lado, podríamos tener beneficios tan grandes que nos surgen preguntas como: ¿Se podría utilizar esta herramienta para evitar atentados? ¿O asesinatos, robos, sobornos y cualquier acción ilegal? ¿Podrían detener al autor de un crimen escuchando las conversaciones que tiene tras realizarlo?

¿Compensa entregar nuestra vida privada a cambio de hacer de este mundo un lugar más seguro?

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